Entrevista a Raquel Molano, compositora musical e intérprete de ‘Farra’
La música en Farra juega un papel esencial. Es el hilo conductor de la obra, el carro que lleva la dramaturgia. Como en las anteriores piezas de la compañía, la composición musical ha caído en manos de Raquel Molano, que ya quedó candidata en los Premios Max 2022 por la composición musical de ‘Paüra’ y que este año vuelve a entrar dentro de esta categoría, a expensas de conocer si quedará entre las nominadas.
El sonido de ‘Farra’ es ecléctico. En escena aparece una guitarra eléctrica, otra acústica, otra española, una batería, bajo, piano, merlín, bombo legüero, horca-shaker, un tom base con parche de piel, un bombo de marcha con parche de piel, dos panderos cuadrados, pandereta sin parche, cencerro, gong feng, carraca, crótalos, kazoos, castañuelas y una caja con platillo, más las voces de todo el elenco. ¿Sabrías identificar todos estos instrumentos?
Un montaje así requiere un trabajo intenso de escucha y mucha sensibilidad. Conseguir hilar todos estos sonidos con la dramaturgia para que la obra fluya como un río no es sencillo. Además, se le suma el reto de dirigirse a todos los públicos; es decir, la obra tiene que ser lo más accesible posible. Pero eso no es excluyente de la profundidad y la complejidad. Raquel Molano nos abre las puertas a su proceso de creación y nos cuenta cómo vive ella la música.
¿Cómo ha sido construir la banda sonora de ‘Farra’ en relación a la dramaturgia?
Hacer espectáculos como los que hacemos es un quebradero de cabeza. Es complejo, es un reto, pero mola mucho. En ‘Farra’ teníamos muchos textos clásicos con los que queríamos contar y un esqueleto de estructura en la cabeza. A partir de ahí, fuimos construyendo en la sala de ensayo.
Podría ordenar en una especie de bloques el papel de la música en nuestros espectáculos. En algunos momentos, la música es protagonista absoluta; es decir, la música propone y la obra se adapta a ella. Por poner un ejemplo, “El pasodoble de la Guillermina” en ‘Paüra’, primero compuse la música pero la letra vino muy al final, cuando decidimos hablar del miedo a la soledad. En otros momentos, es la música la que se amolda a la obra. En el monólogo de ‘Farra’ de Irene Coloma en el aro, yo tenía la idea de combinar “Al Alba Venid” del Cancionero de Palacio, con “Your Young Voice”, porque había hecho un arreglo donde conviven ambas canciones. Le pedí permiso a Jon Hopkins y a King Creosote y ahora esas canciones acompañan a Irene y a Cervantes en las alturas. La música, en cualquier caso, se crea a partir de las necesidades de la obra. Porque la obra quiere contar algo, la música lo cuenta y/o se amolda; crecen a la par y en la sala de ensayo.
Para construir ‘Farra’, hemos colaborado con María Díaz, que estaba constantemente registrando los cambios en el texto y trabajando conjuntamente en la dramaturgia. Javier Cárcel estaba como ayudante de dirección, grabando y recogiendo por escrito la evolución de la estructura. Y Mar Navarro, asesora de movimiento, proponía cambios, improvisaciones, y nos hacía sugerencias para ir conformando la obra.
‘Farra’ cuenta con un equipo muy extenso y hemos tenido mucha ayuda externa. Lucas y yo hemos estado arropados. Podría decir que el trabajo nuestro se basa en una preparación exhaustiva en torno al tema que tratamos, tanto de estructura, como de dramaturgia y de música, y una vez en los ensayos, mucha comunicación entre nosotros y mucho trabajo a contrarreloj, a partir de lo que nos dan los actores y actrices.
¿Por qué esa fusión del rock con otros estilos más clásicos?
El rock es una seña de identidad de la compañía, porque como estoy yo, y a mí me encanta (jajaja). El rock tiene mucha fuerza, tiene grito. Siempre encuentro en este estilo un trampolín, un aliado para las composiciones. Me parece un estilo que conecta mucho con todas las edades y que convive con muchos estilos con facilidad. Juntar instrumentos eléctricos a sonidos más acústicos -al folk, como al inicio con nuestra Obertura “Farralalalá”, y al número de aro, con una serie de coplas de inspiración irlandesa- funciona de maravilla.
La obra comienza narrando el viaje de los cómicos, pero hay una sorpresa. Cuando se abre el telón, vemos una mujer colgada boca abajo, y es en ese instante que el carnaval, el mundo al revés y el teatro, nos abren sus puertas a la magia, a la imaginación, al “todo es posible”. Después de que aparezca la aerealista, la catarsis sólo podía tener lugar con una aceleración de tambores, como una muñeira, como una tarantela desenfrenada del bajo y de la eléctrica.
Al final de la obra, con nuestra pelea, nuestra escena de guerra donde nos metemos en l’Homme Armé, canción del renacimiento, el rock lo empuja todo hacia arriba. Después de pasar por la muerte y la violencia, nos vamos a la celebración y a la comedia. El rock es capaz de meterte en la oscuridad y luego sacarte de un plumazo y elevarte. Tiene la capacidad de provocar catarsis en el espectador, por eso me gusta.
¿Te resulta la música un lenguaje más accesible para la diversidad de públicos?
La música es lo mejor que hay en este mundo. Pocas personas no conectan con según qué canción. El niño casi canta antes que habla, y las personas con demencia recuerdan canciones en la maraña de sus recuerdos. Aunque haya alguien que no escuche música a diario, me sorprendería la persona que dijera que no conecta con alguna canción. La música nos transporta a nuestros recuerdos, nos suscita sentimientos profundos e indescriptibles, esos que a veces las palabras no son capaces de describir. Y si unas buenas palabras la acompañan, puede hacer que te emociones.
Nos llega al alma mucho más que cualquier arte. Como los olores, es capaz de recordarnos algún momento de nuestro pasado más o menos lejano, de alegrarnos, de entristecernos. Es capaz de erizarte la piel con un giro en la armonía, o con un quiebro de voz cantada según de qué manera. Es la única máquina del tiempo que conozco, y lo bueno es que, aunque existen reglas, están ahí para que juegues con ellas y para hacer también las tuyas propias. Es como un juego infinito divertidísimo, y lo mejor de todo es que a todo el mundo le gusta.
Hago teatro con música porque el teatro es comunicación, y me gusta comunicar cosas, provocar cosas, conmover, transformar al espectador que está en el patio de butacas. Y la música creo que es capaz de integrar mucho mejor a más personas de todas las edades, de todas las culturas, pasados, presentes y circunstancias. Hubo una mujer en Valencia, un día que teníamos función y había una manifestación por la gestión de la Dana, y en el coloquio nos dió las gracias porque dijo que había estado a punto de no venir, que no tenía ningunas ganas. Nos dió las gracias porque le había cambiado el ánimo, no estaba feliz, pero le había llenado el alma.